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‘Integración Pacífica’, agrupación que superó el dolor del destierro y llega por segunda vez al Petronio Álvarez

petronio julio 24, 2018 0 comments

En una calurosa tarde caleña en la terraza de la casa de doña Elena, ‘Integración Pacífica’ con el sonar de la marimba de chonta, las tamboras, los cununos y el guasá entonó una juga, un sonido que los transporta a su tierra y desde donde evocan la resistencia, y se refrendan la libertad y el renacer del pacífico colombiano.

Ya se cumplen nueve años desde que la timbiquireña Elena Hinestroza Venté, tuvo la iniciativa de conformar una agrupación que ostenta la bandera de la unión del pacífico con la integración de Guapi, Buenaventura, Tumaco y otros lugares, encargándose de llevar a todos los rincones de Cali, la tradición, la oralidad, la ancestralidad y la cultura del litoral Pacífico, lugar del que tuvieron que huir en el pasado, en muchos casos, por el conflicto armado de Colombia, que no exime razas, ni credos.

“Duele despertarse cada mañana sabiendo que tuviste que abandonar tu tierra por las amenazas de los grupos armados, esos que me alejaron de mi familia, de mi trabajo y las costumbres de mi pueblo. Cuando llegué a Cali con mis hijos -porque mi esposo había tenido que venirse antes- tuvimos que empezar de la nada en el asentamiento ‘Florida Playa Baja’ y viviendo cada día con el dolor del destierro”, indicó Elena, con una mirada, espejo de sus vivencias, y una sonrisa dulce que enternece.

Ella tuvo que acostumbrarse poco a poco a la transformación de su vida por habitar en un nuevo territorio, en una ciudad diferente. Cambios que llegaron como golpes certeros, pero que la vez, fueron el bálsamo que necesitó en sus afujías, ya que en la venta de chontaduro; ese fruto exótico y afrodisíaco de las costa pacífica colombiana, encontró una opción de supervivencia y de sustento para llevar comida a su casa, en donde la esperaban sus dos hijos pequeños.

Como dicen por ahí: “la sangre llama” y, más allá de estar lejos de su tierra natal, la raíces ancestrales y el ser, son inseparables, y así lo confirma doña Elena.

“Quería sentirme cerca de mi pacífico porque existía un vacío y el único modo de trasladarme a mi litoral era escuchando nuestra música, la que trajeron nuestros ancestros africanos. Entonces empecé a convocar a diferentes personas jóvenes y adultos para conformar nuestro grupo. Así que como llegaban también se iban porque  de ensayos no se podía vivir, pero no desistí, hasta que se logró tener lo que hoy llamamos ‘Integración Pacífica’”, contó.

Una agrupación de 18 personas, que con sus músicos -quienes atendieron el llamado atávico- empezaron a contarle al mundo, a través de sus presentaciones, la oralidad, los bailes y los cantos e instrumentos que identifican al pueblo afrocolombiano, esos mismos que les permiten, hoy, tener su segunda participación en el Festival de Música del Pacífico ‘Petronio Álvarez’.

“No ha sido fácil porque nos hemos presentado en cuatro ocasiones y solo en 2017 y en 2018, logramos nuestra clasificación que, para este año, conseguimos con una puntuación muy alta, lo que nos dice que algo está pasando y que ya rinden frutos los esfuerzos de todos y los ensayos que empezaron en los barrios Marroquín y Los Lagos, del Distrito de Aguablanca en Cali. En eventos que hacemos en el barrio, nos presentamos, cobramos, ahorramos y con eso compramos los trajes e instrumentos que empleamos”, añadió doña Elena, al contar el proceso preparativo para llegar al Festival.

Dice Elena Hinestroza que la vida le ha dado tanto como le ha quitado, y ello lo plasma en las letras que emanan de su pluma, y que se convierten en la música que entona junto a su grupo, la misma que “sabe” a currulao, bunde, juga, bambuco viejo y hasta poesía, como la que recitó y llevó a los asistentes a experimentar el dolor y el gozo que le devolvió su herencia negra:

 

¿Por qué me voy?

Por qué me voy, por qué me voy, por qué me voy…adiós  pues…

Por qué me voy, por qué me voy, por qué me voy…adiós pues.

 

Como late el reloj acelerando el tiempo, latió mi corazón una mañana, la cual me tocó abandonar mi tierra, la que nunca pensé que abandonara.

Yo miraba las nubes pasajeras, escuchaba las aves en las montañas, pero el temor y el miedo me vencían, sentí que ya mi vida fracasaba, emprendí un largo viaje, sin saber a dónde ir y dónde estaba.

El vaivén de las olas me dormía, la angustia y el dolor me despertaban. Me da dolor, me da dolor, me da dolor, adiós pues…Es muy triste vivir lo que he vivido, es muy triste llorar lo que he llorado, es muy triste sentir lo que he sentido, pero lo más triste es dejar lo que he dejado.

Atracó el barco en la bahía de Buenaventura, cogí mi maletica bajo el brazo y empecé a caminar sin rumbo fijo, sentía el corazón hecho pedazos. Cansada de caminar sin rumbo fijo, sin saber a dónde ir y en dónde estaba, me paré a descansar en una esquina, recordando ese ambiente que extrañaba.

Hacia al frente miré una casa grande, donde muchas personas se asomaban y de ahí escuché un sonido, un sonido agradable que mi corazón llenaba. ¡Era la marimba! y el bombo que escuchaba, ¡el cununo! y las voces de las cantadoras…borraron la tristeza de mi alma…y dije así: Me liberéee, me liberéee, me liberéee adiós pues…adiós, adiós pues, adiós pues, adiós pues, adiós pues….”

Hace menos de tres meses ‘Integración Pacífica’ perdió a uno de sus integrantes. La muerte súbita llegó a la vida de un joven comprometido con la música, alegre y divertido, como bien lo describen sus compañeros, quien cayó sin vida en plena presentación del ‘Día de la Madre’, dejando un vacío que no se llenará y un ser que siempre será recordado en cada presentación de esta agrupación.

Historias como estas serán contadas en la ventana más importante que tiene la región Pacífico: el ‘Petronio Álvarez’, un encuentro que nos recuerda la fortaleza que tiene el pueblo colombiano para levantarse de la adversidad, esa que los quiere doblegar, pero que hace que hombres y mujeres renazcan y resistan por sobre el tiempo y las cosas.

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